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9.- Aspectos nuevos de la guerra en Ucrania

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9.- Aspectos nuevos de la guerra en Ucrania

          La guerra en Ucrania supone, por primera vez en la historia, una confrontación real, aunque no declarada, entre dos potencias nucleares: la OTAN (EEUU, Reino Unido y Francia poseen armas nucleares) y Rusia. Uno de los contendientes es el “occidente colectivo”, liderado por los EEUU, que se comporta internamente como beligerante, pese a no estar en condiciones de intervenir abiertamente en una guerra contra un enemigo que dispone de la capacidad de producir una destrucción de dimensiones bíblicas.

          Ucrania, por lo tanto, es el peón a sacrificar por el occidente colectivo “hasta el último ucraniano” con el objetivo de destruir a la Federación Rusa. El episodio del misil ucraniano caído accidentalmente en territorio polaco y que fue agitado por Zelenski como una agresión rusa a un miembro de la OTAN que requería la respuesta militar de la alianza pone en evidencia que existe un riesgo real, difícilmente cuantificable, de que la guerra escale a una guerra total nuclear que sería devastadora para toda la humanidad. Es una situación que nadie desea, pero a la que pueden conducir, deliberada o accidentalmente, la presión incesante del occidente colectivo y la irresponsabilidad de los dirigentes ucranianos.

          Desde el inicio de la Operación Militar Especial de Rusia, todo el occidente colectivo se ha volcado en el apoyo a Ucrania con el suministro sin fin de armas, mercenarios, inteligencia, adiestramiento, señalamiento de objetivos, dirección estratégica y la participación encubierta de fuerzas especiales.

          La intervención a todos los niveles de elementos clave de los ejércitos de los países de la OTAN,  supliendo las carencias de las propias fuerzas armadas ucranianas, ni siquiera se trata de disimular; más bien, juega como un factor propagandístico del respaldo sin fisuras.

          También juegan un papel central los contratistas privados, no solo en el nivel de mercenarios combatientes de a pie, sino también en los centros de decisión estratégica y orientación política, mediática y de inteligencia.

          La ideología ultranacionalista, fundamentada en el odio al ruso heredado de sus referentes políticos colaboracionistas con los nazis, permea toda la estructura de poder y las fuerzas de choque del estado ucraniano. Esto resulta ser un factor determinante en la forma sucia de hacer la guerra de las fuerzas ucranianas, sembrando el terror con ataques deliberados contra la población civil, utilizándola como escudos humanos y con la represión más despiadada contra lo que consideran colaboracionistas. Este factor es deliberadamente silenciado o menospreciado por toda la propaganda occidental.

          La propaganda antirrusa y el control de la información en occidente, con todos los medios y recursos, se ha desplegado como nunca antes visto en tiempos de paz, alcanzando niveles grotescos de histeria con censura de medios independientes, criminalización de quien se aparta del discurso oficial y hasta prohibición de la difusión de la rica producción cultural rusa. En ella participan los propios servicios de inteligencia como promotores de la “comunicación estratégica” de la OTAN, amplificados sus mensajes desde todas las instancias políticas y los medios de comunicación públicos o privados. Y todo ello, pese a no ser, nominalmente, estados beligerantes. Desde febrero, una campaña de los autodenominados “monitores de noticias” (en su mayoría financiados por estadounidenses y británicos con vínculos con sus gobiernos) ha tratado de mantener el absurdo de que los neonazis de Ucrania no existen.

          Los organismos internacionales, bajo el férreo control del occidente colectivo que recurre sin pudor al chantaje de los estados más débiles, siempre han dado la razón a Ucrania: se han emitido Resoluciones de la Asamblea General de la ONU contra la intervención de Rusia, atribuyendo a las fuerzas rusas masacres de civiles, acciones terroristas y ataques de falsa bandera cometidos en realidad por los ucranianos.

          Ahora se pretende crear un Tribunal Especial para juzgar los supuestos crímenes de guerra rusos, desechando los esfuerzos de contención de Rusia para evitar la extensión del conflicto, en contraste con las manifiestas provocaciones de Ucrania para que la OTAN intervenga abiertamente y aprovechando el hecho de que el control de los medios de comunicación occidentales no pueden ser de ninguna manera contrarrestados por los rusos.

          Cabe citar también las declaraciones de la Organización Internacional de la Energía Atómica condenando los bombardeos contra la central nuclear de Zaporiyia, pero sin mencionar que los ataques proceden de las fuerzas ucranianas. El riesgo de un accidente nuclear de consecuencias catastróficas aparece como otro elemento inédito en las guerras.

          Uno de los aspectos más notables de esta guerra es cómo está afectando al resto de Europa: con el fin de evitar cualquier posible acercamiento entre Europa y Rusia, desde el bloque anglonorteamericano se ha venido dificultando, a través de sanciones, el suministro de energía a Europa, que está sufriendo las consecuencias en forma de una gran inflación y el cierre de importantes industrias. La voladura del gasoducto North Stream 2, solo posible para potencias navales de primer orden, ha hecho ya irreversible la ruptura del suministros de gas ruso a Europa.

 

Coordinadora Estatal Contra la OTAN y las Bases

Euskal Herriko Fronte AntiInperialista

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