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Tras la caída de la Unión Soviética y el desmantelamiento del Pacto de Varsovia, las sociedades del “mundo libre” creyeron asistir al comienzo de un período de distensión, paz y prosperidad, sin embargo el Occidente colectivo –véase eje anglosajón y poder sionista mundial- decidió incumplir su solemne compromiso de impedir la expansión hacia el este de su brazo armado, la OTAN. La pretensión de este flagrante incumplimiento no era otro que fortalecer y perpetuar un mundo unipolar estableciendo dos grandes objetivos: separar Europa de Rusia, evitando así la aparición de un competidor geopolítico, y cercar militarmente a Rusia en la perspectiva de doblegarla, fraccionar su territorio y apropiarse de sus inmensas riquezas. A tal fin, la OTAN adoptó una estrategia realmente ofensiva que inauguró el siglo XXI abandonando acuerdos de control de armamentos y no proliferación nuclear, y concluyó con cinco ampliaciones y la incorporación de trece países a su estructura militar. Visto en perspectiva, el nivel de destrucción generada por sus planes y su evolución cada vez más agresiva, la OTAN hoy representa el mayor factor de desestabilización, un verdadero freno para el avance del multilateralismo y una verdadera amenaza para la paz mundial.
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El sistema unipolar basado en el viejo orden colonial tejido durante décadas por las potencias occidentales lideradas por EE.UU. se está resquebrajando de forma acelerada ante el avance del multilateralismo auspiciado por potencias emergentes junto al Sur Global.
Este retroceso del poder hegemónico norteamericano no es aceptado por sus élites neoconservadoras que, en vez de negociar acuerdos para el establecimiento de nuevos equilibrios geopolíticos, han decidido que no están dispuestos a ser un actor más en la escena internacional sino hacer lo que haga falta para mantener sus privilegios. El plan es tan peligroso como simple: liquidar definitivamente la diplomacia y el derecho internacional, promover la guerra, el rearme y más guerra.
Al objeto de obtener la aprobación mayoritaria de sus poblaciones utilizan métodos de la guerra cognitiva como la “construcción del enemigo”, la propagación masiva de desinformación y la generación de inseguridad y miedo ante las presuntas amenazas, generando así un nuevo consenso en favor del discurso belicista. La idea es que debemos armarnos para defendernos de un enemigo que conspira contra nosotros.
Nos tratan como a un rebaño al que creen que pueden pastorear a su antojo, sí, creen que pueden convencernos de que sus intereses –los de las élites- son también los intereses de la mayoría social, y que nuestro futuro está indisolublemente unido al de ellos. Nos mienten de forma descarada.
La Humanidad ya se desangró en dos guerras mundiales y esta vez no van a conseguir arrastrarnos a la barbarie con sus mentiras, ¡si quieren guerra que envíen a sus hijos, y a nosotros que nos dejen en paz!
Si convertimos nuestra indignación en organización para la resistencia ante los planes de guerra, el mensaje final no debería ser de manipulación y miedo sino de empoderamiento y esperanza en nuestra comunidad, nuestra verdadera patria.
¡QUE NO NOS ARRASTREN A LA GUERRA!
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Escucha la charla 'OTAN: estafa criminal, referendum y guerra'
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