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5- El Gran Reinicio:

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5- El Gran Reinicio:

 

1.- El capitalismo está en un cambio de fase

         La fase neoliberal está agotada. Las crisis golpean no solo a las periferias, sino también en el centro, acrecentando la desigualdad. El menosprecio del sistema productivo, la desregulación y la financiarización acaban pasando factura.

Las últimas crisis no están regenerando el capitalismo. A finales de 2018 resurge la crisis no cerrada de 2008.

         Estamos en un contexto geopolítico multipolar: mientras Occidente ha estado jugando a “las damas”, China lo ha hecho “al ajedrez” (expansión comercial, ruta de la seda, 5G, inteligencia artificial, computación cuántica, control de tierras raras, nuevas instituciones internacionales…).

         EE.UU llega a esta situación con la realidad de un país fracturado internamente, más debilitado y más peligroso, mientras la UE, sin política exterior ni de defensa propias, recurre a la emisión de fondos (“Next Generation”) por su propio Banco Central para intentar salvar las economías de sus miembros más vulnerables.

 

         2.- El proyecto de las élites hacia la nueva fase

 

         Un reinicio del sistema no es algo deseable para las élites; es una necesidad para evitar  un cambio de sistema. Nos proponen ahora un capitalismo de “partes interesadas”, un discurso político, entre el “capitalismo de accionistas” y el “capitalismo de Estado”: dar valor a los clientes, invertir en los empleados, tratar de manera ética y justa a los proveedores, apoyar a las comunidades donde se implantan y generar valor a largo plazo a los accionistas, este es el nuevo credo. Palabrería intrascendente para la conformación del capital, pero que ayuda a destruir la conciencia de la clase obrera y a incrementar su sometimiento ideológico y cultural.

         Vamos a un proceso cualitativo de “destrucción creativa”, con la que aspiran a cambiar lo que somos y no solo lo que hacemos.

         La palanca para dotar de credibilidad y sentido de progreso a este discurso la basan en la cuarta revolución industrial (digitalización y “economía verde”), cuando la mitad de la población mundial no tiene Internet y la acumulación capitalista priva a la humanidad de los beneficios que puede llegar a aportar la tecnología.

         Ante un Estado debilitado por el neoliberalismo y una economía financiera desprestigiada por las crisis, las grandes corporaciones emergen como sujetos referentes del nuevo escenario. La organización Business Roundtable que reúne a los presidentes ejecutivos de 181 de las mayores corporaciones de Estados Unidos (8 millones de empleados) respaldan públicamente esta estrategia.

 

        

         3.- La COVID, llueve sobre mojado

 

         Un coste social que ya parecía insoportable apunta a unas sociedades subsidiadas para subsistir.

         Un shock económico que agrava la situación rompiendo las cadenas de suministros y que se intenta superar mediante una inyección monetaria masiva que permite a las élites cabalgar sobre la crisis, retrasando sus efectos, pero sin resolver sus causas.

         Para ello se ejecuta una transición coordinada con la intervención de los grandes Bancos centrales (compra de bonos, emisión de moneda, intereses cero).

         Las bolsas son el escaparate reluciente de un capitalismo financiero desconectado de la realidad; y es que no todos pierden en la crisis.

         Se pasa por un rebote macroeconómico, pero no por una salida de la crisis; a pesar de una actividad propagandística intensa, seguimos en plena transición y ya se apuntaba en 2020 un problema inflacionario severo en el horizonte.

         La COVID reinicia la memoria y el análisis del proceso seguido: el virus sirve de coartada para justificar lo injustificable y nos encamina hacia una “nueva normalidad” en la que hemos aprendido a aceptar restricciones drásticas de nuestra libertad.

 

         4.- Nuevas relaciones de poder corporativo y gubernamental

 

         Las élites persiguen un Estado subsidiario: gestiona, no gobierna; subcontrata, no administra; sumiso y no soberano; mantiene el orden social, no las libertades; vela por la supervivencia, no por los derechos económicos... y garante de la eficacia de la guerra económica (sanciones y bloqueos).

         Los sujetos supraestatales y supracorporativos dan un paso a frente: los grandes fondos de inversión colonizan la realidad económica. Las farmacéuticas han sido un ejemplo.

         Se acentúa el mecanismo de la colaboración público-privada. Endeudamiento público para posibilitar el saneamiento privado. La financiación de la investigación y la exención de responsabilidades de las vacunas han resultado paradigmáticos.

         Frente a ello, China y Rusia, con economías no ajenas al capitalismo, sostienen un estado fuerte en un escenario de guerra económica que ha de contener la deriva que en sus sociedades podría llegar a producir el modelo globalista anglosajón.

 

         5.- Reconfiguración de la relación capital-trabajo

 

         Asistimos a una concentración del poder corporativo, con  absorciones y relocalizaciones de empresas.

         Se acentúa la dualidad en el mercado laboral, se estrecha la base de la pirámide laboral y se alimenta el proceso de sumisión del sistema educativo al mercado.

         Hay un retroceso en los derechos laborales: el capitalismo de plataformas transforma al  empleado en “colaborador”, una sobreexplotación fundamentada en la desvalorización de la fuerza de trabajo y una creciente precariedad y temporalidad; se abandona al individuo frente al algoritmo; se muestra el paro como un fracaso personal y al emprendedor como triunfador.

         La propuesta de capitalismo de partes interesadas es totalmente contradictorio con la praxis de unas grandes corporaciones que, todo lo más, hablan de Responsabilidad Social Corporativa, una dinámica limitada por su voluntariedad, autorregulación, autoevaluación y no exigibilidad. Palabrería de unos trileros que inventan un discurso para seguir ocultando la realidad y todas las contradicciones que genera esta sociedad fundamentada en la explotación.

         Seguimos maltratando las actividades esenciales que identificó la pandemia; sin poner en valor la economía productiva no hay salida.

 

Coordinadora Estatal Contra la OTAN y las Bases

Euskal Herriko Fronte AntiInperialista

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